Nelson Mandela, un maestro de la reconciliación
En medio de un brillante sol de invierno, salió al exuberante campo y se puso una gorra. Su camiseta de rugby, verde y de mangas largas con la figura de un antílope en el pecho, estaba abotonada hasta el cuello con un estilo propio y en la espalda tenía un número 6 de color dorado. En cuestión de segundos, los cánticos de los aficionados inundaron el estadio Ellis Park, en el corazón de Johannesburgo: “¡Nelson! ¡Nelson! ¡Nelson!”.
Nelson Mandela, el primer presidente negro de Sudáfrica, vestía los colores de los Springboks (gacelas), como apodan a la selección de rugby del país, y 65.000 aficionados blancos vitoreaban su nombre. Era la final del Mundial de Rugby de 1995, el partido más importante de ese deporte. Pero era mucho más que eso. Era el momento de su definición como país para Sudáfrica, un momento trascendente en la transformación del apartheid –el régimen racista blanco que él calificó de malvado– en una democracia multirracial.
Los Springboks eran adorados por los afrikáners blancos (descendientes de colonos holandeses) de Sudáfrica y odiados por la mayoría negra del país. Al vestir su emblema, Mandela reconcilió una nación fracturada y afectada por el racismo y el odio. Ese 24 de junio de 1995, que dio lugar a libros y a una película interpretada por Morgan Freeman (Invictus), Mandela y su país saborearon la victoria.
Nelson Mandela.
Johanesburgo - Sudáfrica.
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